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Wayland y las Valkirias.
Se suponía
que las valkirias realizaban vuelos frecuentes a la tierra con plumajes de
cisne, que ellas se quitaban al llegar a un río apartado, para poder
disfrutar de un baño. Cualquier mortal que las sorprendiera de este modo y
obtuviera su plumaje, podía evitar que abandonaran la Tierra e incluso podía
obligar a estas orgullosas guerreras a casarse con ellos si ése era su
deseo.
Se dice que
tres valkirias, Olrun, Alvit y Svanhvit, estaban jugando en una ocasión en
las aguas, cuando los tres hermanos Egil, Slagfinn y Völund o Wayland el
herrero, se aparecieron de repente ante ellas y, cogiendo sus plumajes de
cisne, los jóvenes las obligaron a permanecer en la Tierra y a convertirse
en sus esposas durante nueve años, pero al finalizar ese período,
recuperando sus plumajes, o rompiéndose el hechizo de alguna otra manera,
lograron escapar.
Los hermanos
sintieron profundamente la pérdida de sus esposas y dos de ellos, Egil y
Slagfinn, tras ponerse su calzado de nieve, se fueron en busca de sus
amadas, desapareciendo en las frías y nebulosas regiones del Norte. El
tercer hermano, Völund, sin embargo, permaneció en casa, sabiendo que
cualquier búsqueda sería inútil y encontró consuelo contemplando un anillo
que Alvit le había entregado como prueba de su amor y guardó constantemente
la esperanza de que algún día regresara. Ya que era un herrero muy hábil y
podía fabricar los más delicados ornamentos de plata y oro, al igual que
armas mágicas que ningún golpe podía partir, empleó su tiempo libre en
fabricar setecientos anillos exactos al que su mujer le había regalado. Una
vez terminados, los ató uno con otro. Pero una noche, tras regresar de la
caza, encontró que alguien se había llevado uno de los anillos, dejando los
otros intactos y sus esperanzas se vieron renovadas, ya que se dijo a sí
mismo que su esposa había estado allí y pronto regresaría para q uedarse.
La misma
noche, sin embargo, fue sorprendido mientras dormía y atado y hecho
prisionero de Nidud, rey de Suecia, que se hizo con su espada, una selecta
arma con poderes mágicos que guardaba para uso propio y con el anillo de
amor hecho de puro oro del Rin, que posteriormente le dio a su única hija,
Bodvild. Mientas, el infeliz Völund fue conducido cautivo hasta una isla
cercana donde, tras ser desjarreteado para que no pudiese escapar, el rey le
puso a forjar armas y ornamentos continuamente para su uso. También le
exigió construir un intrincado laberinto, e incluso hoy en día, en Islandia,
los laberintos se conocen como "casas de Völund".
La rabia y la
desesperación de Völund crecía con cada nuevo insulto que le profería Nidud
y empleaba noche y día para pensar en un modo de vengarse. Tampoco se olvidó
de planear su escapatoria y durante los descansos entre trabajo y trabajo
fabricó un par de alas similares a aquellas que su esposa había utilizado
para escapar como valkiria, que él pretendía ponerse tan pronto como su
venganza hubiese sido realizada. Un día el rey fue a visitar a su prisionero
y le trajo la espada que le había robado para que la reparara. Sin embargo,
Völund la sustituyó astutamente por otra arma tan exactamente igual a la
espada mágica como para engañar al rey cuando viniese a reclamarla. Unos
pocos días más tarde, Völund atrajo a los hijos del rey a su herrería y los
mató, tras lo cual fabricó ingeniosamente vasos de beber a partir de sus
cráneos y joyas a partir de sus ojos y dientes, entregándoselos a sus padres
y hermana.
La familia
real no sospechó de dónde procedían, por lo que estos regales fueron
aceptados con gozo. Mientras que los pobres jóvenes, se cree que fueron
arrastrados al mar y ahogados.
Algún tiempo
después, Bodvild, deseando tener su anillo arreglado, también visitó la
cabaña del herrero, donde, mientras esperaba, bebió confiadamente de una
droga mágica que la sumió en el sueño y la dejó a merced de Völund. Habiendo
concluido su último acto de venganza, Völund se puso inmediatamente las alas
que había estado preparando para este día y, cogiendo su espada y su anillo,
alzó lentamente el vuelo. Dirigiéndose hacia el palacio, se posó fuera de
alcance y le relató sus crímenes a Nidud. El rey, fuera de sí de rabia,
llamó a Egil, hermano de Völund, que también había caído en su poder y le
ordenó que utilizara sus maravillosas dotes de arquero para abatir al
insolente pájaro. Obedeciendo una señal de Völund, Egil apuntó hacia una
protuberancia bajo su ala, donde se ocultaba una vejiga llena de sangre de
los jóvenes príncipes y el herrero escapó volando triunfante e ileso,
declarando que Odín le entregaría su espada a Sigmund, una predicción que se
vio debidamente cumplida.
Völund se
dirigió entonces a Alfheim, donde, si la leyenda está en lo cierto, encontró
a su amada esposa, siendo por siempre feliz junto a ella hasta el ocaso de
los dioses.
Pero incluso
en Alfheim este diestro herrero siguió ejerciendo su oficio, y varias
armaduras impenetrables, que se dice que él fabricó, son descritas en poemas
heroicos posteriores. Además de Balmung y Joyeuse, las célebres espadas de
Sigmund y Carlomagno, se dice que también forjó a Miming para su hijo Heime
y muchas otras espadas famosas. |